viernes, 27 de mayo de 2011

Soy el Final


Rodando cuesta abajo sobre el canto rodado, le canto a la muerte para que no me venga a buscar; la vida me gira, voltea mi cuerpo que rueda hacia el fondo. Rezo, suplico e imploro no terminar perdido en la inmensidad de las oraciones. Me cuesta divisar el entorno, ver los lados mientras ruedo entornando los ojos rojos, como el pecho empapado de la sangre discurriendo del orificio del trueno.

He sido como una serpiente que se desliza, sigilosa e inmutable, que muta de apariencia dependiendo de la victima, soy carroñero, soy despiadado, soy mitad animal. Soy lo que deba ser y lo que quieran que sea, soy la sorpresa que salta de la caja de Pandora. Soy la compañía de mi víctima hasta que me la devoro, el victimario que se muestra en un baúl de cristal como en una venta de primavera.

Soy el enemigo que entiende lo in entendible, sin comprender, sin interesarme a fin de cuentas, pero ellas no saben que soy; no lo muestro, no lo necesitan.

Ruedo y rezo, un cristiano descarrilado al costado de las vías, un tren que me amputó las piernas y me abrió los ojos.

Sostengo el puñal con los dientes, apuñalando las horas, desdentando los minutos, sosteniendo el monstruo que desea salir. Salgo de mi escondite, escondiendo la verdadera cara, como la moneda, yendo de mano en mano, de los dos lados. Miro al cruzar, fijo la vista, como un francotirador helando la sangre, deteniendo el tiempo, los latidos.

Las amo a todas, me necesitan, exigen en sus suplicas por alguien como yo. El profeta del rebaño, cantando sobre el canto rodado mientras ruedo hacia el fondo, un cristiano amputado de fé, asesino de realidades, transportador de finales.

Soy el que debo ser.

Soy carne de su carne.

Soy el que termina en el fondo del barranco, desangrándome bajo las sirenas que inundan la noche lluviosa, embarrada de delirios y de gritos.

Soy el final de las horas, sus horas y las mías.-