miércoles, 19 de febrero de 2014

El llamador del hambre



El chirrido constante de la rueda fastidiaba con intensidad, más cuando el pie derecho se hundía sobre el pedalín gastado. La bicicleta heredada de su madre se quejaba como un cordero ahorcado, el oxido se repartía casi por todo el cuadro y las cubiertas gastadas resbalaban en la greda mojada por la lluvia constante de los últimos días.
Faltaban un par de cuadras todavía, sobre el canasto descansaba su bolso junto a las compras de la supuesta cena. Una de las luces de la calle titilaba, suponía que el agua de lluvia que había entrado en la burbuja de plástico obligándola a parpadear como el ojo de un lince nervioso.
La mujer cambiaba el peso del cuerpo para forzar la velocidad de la vieja bicicleta, a una cuadra, pasando el ojo del lince nervioso, un baldío con pastizales altos abría las fauces.
Al ir acercándose levantó el culo del asiento, puso más velocidad y fuerza al cacharro que se quejó mucho más fuerte. Vio con su vista periférica como una sombra gigante crecía más desde el baldío a medida que se acercaba veloz a ella, contuvo la respiración y aflojó el cuerpo al momento que unas manos, las sintió callosas, la tomaron por el cuello y la arrastraron por la greda fría. Una de las ruedas de la bicicleta seguía pataleando como un pollo degollado que no entiende de la muerte, la suspensión del andar.
De la fría greda pasó a las pierdas en la espalda, después al fondo de la alcantarilla barrosa y por último los pastos altos y flacos, verdes de día, negros en la negrura. El calloso la volteó con torpeza y brusquedad, era solo una sombra con dos pequeños puntos que se iluminaban por la luz.

Ha, la luz. Esa luz que ella guardaba en su interior, la luz de la muerte y el hambre. Calculó la distancia de los puntos luminosos a la yugular y abrió la boca para que sus colmillos creciesen a gusto mientras la rueda seguía chirriando, como la risa de una arpía.

23 comentarios:

  1. El problema de publicar en capítulos sin tenerlo terminado produce este quiebre, cuando lo que se quiebra es el tiempo y las ganas. He borrado "El Silbido de las Sombras" hasta terminarlo. Mientras publico algunos cortos. Espero sepan comprender estas idas y venidas. Abrazos

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  2. que bueno que regresas amigo... este texto nos hace recorrer en cada palabra esa maestría con la que relatas una escena.
    enhorabuena
    Carlos

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  3. Qué buen cierre del relato, Walter: inesperado, por lo menos para mí. Me gustó.
    ¡Saludos!

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    1. Gracias Juan, siempre dejándome con la espalda más ancha que la puerta :)
      Saludos

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  4. El cazador cazado...

    Muy bueno.

    Que miedo da la arpía...

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    1. El cazador cazado, uno de los cuentos más viejos jeje.
      Saludos

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  5. Muy buen texto, el sonido de la bicicleta lo escuchaba en mis oidos y al mismo tiempo el cansancio en esas piernas.

    Saludos, sigo leyendo!

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    1. Hasta a mi me cansaron las piernas.
      Gracias por pasar y leer.
      Saludos

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  6. Siempre sorprendente, Walter.

    Me alegra leerte.

    Un saludo

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    1. Gracias Verónica, gracias.
      Me alegra que pases.
      Saludos

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  7. Justo cuando me disponía a leer El Silbido de las Sombras, vas y lo sacás...
    Por lo menos dejaste algo para comentar ;)
    Cuando hay hambre, hay hambre. Sea lobo, vampiro, o lo que tu mente haya creado, tiene que alimentarse, y una ciclista debe de ser deliciosa (fantasía mía, nomás).
    Saludos.

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    1. Raúl, eso me pasa por publicar en capítulos sin tenerlo listo. Va y me sucede algo inesperado que me obliga a dejar de escribir por unos días y así, perder el hilo de la historia. Lo he puesto en el freezer para sacarlo en unos días y retomarlo.
      Saludos y gracias por pasar, como siempre un placer.

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  8. Y le cazó!
    Me ha gustado, tiene mucha tensión
    Besos

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    1. A todos nos cazan, tarde o temprano. No más sea la muerte.
      Saludos y gracias por pasar!

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  9. sos genial poeta de alma escritor neto
    te dejo un abrazo y me voy en silencio

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  10. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  11. Huy... que se me ha puesto la piel de gallina....


    Un beso sin miedo ( o dos).

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  12. Walter ... no entiendo tu aclaración, lo que si es de noche, no salgo en bici
    pero estando dentro de casa hace temer tu relato..humm
    ¡¡ me encantó !!

    Besosss

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  13. Excelente relato , Walter saludos de flor .

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