viernes, 31 de agosto de 2012

El Personaje del Sueño que Nunca Duerme


            
          
No había podido pegar un ojo casi en toda la noche, sumido en viajes extrasensoriales saltando de nube a nube rellenas de algodones multicolores. El personaje de sus sueños que no duerme, lo desafiaba con esa vacua sonrisa de cordero atado, dientes de lobo que relucían como cuchillas nuevas de un aserradero.
            Lo conocía, no recordaba su nombre, pero no era la primera vez que lo veía ahí, en ese mismo lugar donde sus realidades se hacían ficción y las ficciones tomaban vida propia.
            Hizo un fuego en medio de la nada, cruzó sus piernas y lo llamó. Hablaron por horas, saltando de un lugar a otro, leyéndose los labios rojos de una ira contenida, con los dedos pintando con negro betún las paredes de las nubes transportadoras. Llegaron a un acuerdo, había que respetar el primer y único ítem de la ley, “Se vale todo”. Aunque él deseaba poner algunos puntos de verdad, su boca se mantuvo quieta ante sus esfuerzos mientras el personaje los movía y ponía en el suelo lo que debían respetar.
           

martes, 28 de agosto de 2012

Evaporación


Se levantó en plena noche, los ruidos ásperos no lo dejaban dormir. Abrió la puerta con cuidado, sabía que no estaba solo y se preparó. La habitación detrás de la puerta estaba muy oscura, tragada por el vacío de la noche.
Los ruidos cesaron de pronto, supo que habían oído sus pasos.
–¿Quién anda ahí? –escuchó que preguntaban en un susurro.
Quiso hablar, pero se petrificó en medio de la habitación sacando con cuidado las afiladas garras.
Alguien prendió la luz pero no alcanzó a ver nada, el foco de 75 watts lo evaporó de inmediato.
Los monstruos del placard solo sobreviven en la oscuridad.

jueves, 23 de agosto de 2012

Frío Plato


Sintió como abrían el lugar donde los tenían cautivos desde hacía varios meses ya, sus otros 19 compañeros se apretujaban lo más posible para darse ánimos a pesar del poco espacio con el que contaban.
Tiraron de él para sacarlo, sabía que su hora había llegado.
La llama le quemó el otro extremo y el ardor comenzó a subir, solo le quedaban 5 minutos de vida. Pero al menos sabía, como los que vendrían detrás de él, que el fumar es perjudicial para la salud.

martes, 21 de agosto de 2012

viernes, 17 de agosto de 2012

Ventana al Arco Iris (6º Parte... Final)



Abrió los ojos con pereza, tenía la boca pastosa y el pitido de la nada seguía zumbando en su cabeza como una cascabel rayada, lo primero que vio fue el rostro de Lucrecia opacado por la luz parpadeante de un fluorescente. Cerró los ojos con nervio, los apretó por unos segundos y volvió a abrir. Su corazón se detuvo, al menos eso creyó. La siguiente andanada de aire que entró por su nariz fue helada, enfriando cruelmente las fosas nasales, laringe, estómago, pulmones. Un manto de petróleo de la Antártida.
            El rostro de José Luis estaba a un lado del de Lucrecia, sonreía por sobre la tablilla que sostenía mientras anotaba algo, luego sus ojos se volvieron para verlo directamente.
            –Puedo darme cuenta – le dijo abriendo apenas la boca. – A mi no me podes mentir.
            Se removió en el lugar.
            –Tus voces, son tus demonios y tus talismanes. Las oís, puedo darme cuenta.
           

lunes, 13 de agosto de 2012

Ventana al Arco Iris (5º Parte)



–Hola Mateo – oyó que le decían. La voz era calma, suave y raramente familiar.
Pero no abrió los ojos, los mantenía cerrados con fuerza.
–Estamos solos – le dijo. –Les he pedido que se fueran así podemos charlar un poco, tranquilos – Mateo no se movió, su respiración era más controlada, pero seguía aterrado. – Hoy has tenido un episodio en tu casa, con tus padres. ¿Te acordás de algo de lo que pasó?.
            La voz era tranquilizadora y su cuerpo comenzaba a agradecerlo, los agarrotados músculos se fueron aflojando a medida que las palabras entraban en él. Ya no sentía la opresión en el pecho, el griterío había disminuido casi por completo, pero seguían ahí.            Lentamente se llevó una mano a la nuca, dolía, supuso que debía tener una interesante marca.
           

jueves, 9 de agosto de 2012

Ventana al Arco Iris (4º Parte)


El pitido seguía ahí, no tan fuerte, pero se hacía notar lo suficiente como para sentirse un poco mareado. Veía hablar el psiquiatra que movía las manos incesantemente y mientras lo hacía, veía el círculo amorfo con miradas perdidas que intentaban prestar atención, o como él, saber que mierda hacían ahí. Veía, pero no escuchaba.
            Tenía miedo, estaba aterrorizado a decir verdad. Las conversaciones de sus voces lo estaban poniendo muy nervioso, sobretodo lo que decía una de ellas. Necesitaba ayuda, pero creía más en un exorcismo que en esa ayuda de grupo, su presentimiento del desastre era muy fuerte y se estaba potenciando desde que había comenzado las sesiones con el psiquiatra. ¿Pero a quién decirle?, con sus padres no podía hablar, solo se cruzaban las palabras necesarias; su padre parecía escapar cuando podía y su madre estaba hecha un trapo de piso viejo, pero debía hacerlo.
            En dos meses y medio de asistir al montón de locos, había llegado a esa conclusión, hablar con sus padres y dejar el grupo, pedirles que busquen otra forma de ayudarlo. Les diría lo que querían oír, que estaba enfermo y necesitaba asistencia, pero de otro tipo.
            Y lo haría ahora.

lunes, 6 de agosto de 2012

Ventana al Arco Iris (3º Parte)


En el grupo eran cuatro, cinco con él. Había dos hombres y dos mujeres, su entrada ahora inclinaba la balanza hacia los grandes consumidores de testosterona.
Echó una rápida y temerosa ojeada al grupo que se encontraba en medio de la sala, en el extremo más alejado del pésimo círculo que intentaban hacer había un hombre de unos cincuenta años, llevaba una tupida barba rojiza con motas blancas, era panzón y bastante ancho. A la izquierda del hombretón estaba el segundo varón, llevaba unas viejas gafas pasadas de moda, tenía el pelo graso y parecía que su madre lo había peinado, solo la ropa no conjugaba del todo bien con el aspecto de su rostro, una remera negra con una calavera en llamas, unos jeans gastados y botas militares. Las dos mujeres estaban prácticamente de espaldas, solo pudo advertir que una era rubia de rulos y la otra llevaba el pelo corto y lo tenía de color castaño.
            La puerta se cerró tras de sí con un pequeño golpe que lo exaltó, era de esas que cierran solas, recorrió con la vista nervioso el salón pero no vio a Scatularo, por lo que decidió quedarse ahí mismo, en la entrada.
            La idea de contar sus cosas a totales desconocidos no era muy placentera, ¿pero desde cuando alguien con un doctorado había dado ideas placenteras para recuperarse de alguna dolencia?. Escuchó la discusión entre sus voces la primera vez que había visitado al Psiquiatra, pero había tratado de ocultar ese hecho, quizá estuviese mejor sin las voces, aunque sería difícil desprenderse de ellas ya que lo habían acompañado por mucho tiempo, demasiado tal vez.
            –No tengas miedo nene – dijo el de la remera con la calavera. – Somos todos iguales acá.

jueves, 2 de agosto de 2012

Ventana al Arco Iris (2º Parte)


La habitación donde estaba cautivo se evaporó, las paredes desaparecieron delante de sus ojos y el aire fresco le llenó los pulmones tan deprisa que tuvo que hacer fuerzas para no caer. Miró para todos lados, estaba solo. Los gritos seguían dentro de la casa y las risas de sus primos que provenían de la calle, también.
            Estaba solo, tanto que tuvo miedo.
            Bajó la mirada a su mano y vio que sostenía la escoba, en la punta todavía humeaba el plástico incendiado. Hundió la punta de la escoba en la tierra, corrió a mojarla y torpemente la raspó contra el cemento para quitarle los restos de plástico, luego la dejó en su lugar habitual. Volvió donde estaba el camino de hormigas y con la suela de sus Converse negras (regalo de la abuela para su cumpleaños) trató de quitar todo indicio de que por ahí alguna vez cruzó un serpentino camino de insectos.