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viernes, 14 de septiembre de 2012

Colapso



Nada de nada podía devolverlo con los demás, cansado de los fríos e indiferentes espejos deformes, de los caballos de madera y cisnes petrificados; cansado de los asientos vacíos, de las luces apagadas y voces olvidadas.
Cansado de los cuerpos putrefactos, de las manos que no podía aferrar, de los autos sin combustible, las rockolas sin electricidad y sus canciones que se evaporaban de la memoria, la comida que no podía saborear, de las camas que no lo podían abrigar.
Pero lo que más le aturdía, era el eterno recuerdo de ser quién dio la orden equivocada, transformándolo en el único fantasma del Apocalipsis.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La Nada



El Juez levantó la vista, la sala llena respiraba el virus de la venganza y el dolor profundo.
–Que se levante el acusado –dijo.
Un hombre pequeño, flaco y que llevaba anteojos grandes para su rostro se levantó de su silla y erguido, le sonrió a todos. Lo acusaban de matar a un verdulero, maniatar a sus hijos de 10 y 6 años para después violar a su mujer.
–Lo sentencio a nada. –anunció el Juez.
Un hombre que había llegado a la Argentina hacía solo un par de semanas escuchó el veredicto y con el rostro confundido miró a su hermano que hacía una pasantía en Tribunales.
–¿Dijo nada? –susurró la pregunta al oído de su hermano.
–Sí, la justicia quitó la palabra “perpetua” de su vocabulario. Se dieron cuenta de la incongruencia y como nada es para siempre...-