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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Un Café Frío




Más allá de que se juntaban para hablar un poco, cada vez los silencios eran más largos y menos incómodos.
–¿Qué es lo que te desvela?
“Que pregunta”, se dijo mientras miraba como la espuma del café giraba en sentido de las agujas del reloj impulsada por la cucharita danzante en su mano derecha. Tardó en contestar, por nada en particular, su mente estaba totalmente en blanco.
–La vida –dijo sin levantar la vista.
–Una respuesta como un abismo –trató de bromear su compañero de mesa.
–Ni más ni menos, la vida es como un abismo lleno de cosas que se instalan en un tiempo en particular, pero nada detiene la caída.
–Prefiero verlo como una escalada.
–Cada uno lo ve como lo vive. Vos escalas porque vivís abajo, yo caigo.
–Vos no tenés una mala vida, nunca la tuviste.
–Mejor que unos, peor que otros –dijo guiñando un ojo. –Nos conocemos de siempre, vivimos vidas distintas, si es que le podemos llamar vida.
–No te me pongas dramático. Somos de mundos distintos, uno de un lado, el otro en el otro; pero tenemos eso en común..
–Mundos distintos –repitió en un suspiro. –Cansa un poco, la monotonía quizá. Ya es todo previsible.
–Pensá primero como era cuando arrancamos y como es la cosa ahora. Totalmente distinto, no veo la monotonía.
–Vos lo ves siempre así, lo tuyo es más fácil.
–Nunca más equivocado en tu selección de palabras mi amigo blanco. Lo mío es lo más difícil, mucho más ahora que al principio. Demasiada tecnología no me ayuda para nada. –hizo una pausa, miró a su compañero todavía revolviendo el café.
–Dejá quieto eso y tomátelo, se te va a enfriar –le dijo rascándose la Trinidad obligando al ojo a cerrarse un instante.
–Mejor, una vez que nos encontramos acá, prefiero tomarlo frío. Allá abajo todo es caliente.
Se tomo el café frío de un solo trago, sonrió forzosamente y se levantó en silencio. Tomó el tridente que estaba apoyado a la ventana y volvió a guiñarle un ojo.
–Nos vemos en un par de años, me hace bien charlar con vos, es mejor que los psicoanalistas que me tocan, uno más pirado que el otro.
–No te hagas drama, hablemos cuando quieras que los que van allá arriba no creo que sean mejores, los santurrones son insoportables. Deberíamos dejarlos por acá nomás, junto con los abogados.
Rieron, uno más contento que el otro. Solo que ninguno de los dos sabia cual de ellos lo era.