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viernes, 30 de noviembre de 2012

El Hombre Que Colgaba de Sí Mismo (1º Parte de 4)




No veía nada, no oía nada y no sentía nada.
Solo había en mi, olor a moho.

Cuando desperté me encontré desorientado, mareado de oscuridad e imágenes inconexas producto de mí alocada mente que buscaba con frenesí darme una referencia. El silencio era tal que parecía zumbar a mí alrededor, aleteando como unas diminutas luciérnagas ciegas en mis oídos que chocaban con las paredes y cosquilleaban en los tímpanos.
Nada se veía.
Traté de mover las manos pero fue en vano, intenté con las piernas pero el resultado fue el mismo, sentía un apretujón en el pecho y la sangre que parecía costarle recorrer mis venas.
Moví un pie. No hubo gran problema al hacerlo, solo que; no sentí nada debajo de ellos.
Mierda…, estaba colgando.
Intenté gritar, un poco por miedo y otro poco para no sentirme tan solo y desbordado; el caso fue que el grito murió antes de nacer. Una cinta me cruzaba la boca.
Horrorizado me di cuenta de una sola cosa, no había llegado a ese lugar por ningún tipo de accidente, estaba ahí en esa habitación fría, oscura y herméticamente silenciosa porque alguien así lo había deseado.
No podría describir con palabras el sentimiento al descubrirme en esa postura, ni decir que los latidos del corazón querían partirme el pecho podría expresarlo apropiadamente; nada en este mundo prepara a alguien para semejante descubrimiento.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Almas en el Humo (5º Parte de 5) FINAL




No sabía cuanto tiempo había pasado desde que los muertos habían querido entrar, los oía con más fuerza a cada rato y eso la estaba debilitando.
No quería dormirse aunque su cuerpo se lo pedía, sus brazos le decían que suelte a la bebe, que la acueste a un lado suyo; que se relaje, que nada iba a pasar. Que simplemente cerrase los ojos y descansase un momento, tal vez, si se dormía, despertase después dándose cuenta que todo había sido un sueño, de los malos; pero de aquellos en los cual uno cuando se despierta solo queda la sensación de miedo, de terror, y que inmediatamente después se evapora de su mente como una gota olvidada al sol.

martes, 16 de octubre de 2012

Almas en el Humo (4º Parte de 5)



El espacio se había reducido, estaban los cuatro en el living, sentados con las piernas cruzadas, mientras la bebe dormía después de haber llorado durante unas horas, rendida.
Al principio creyeron que los cuerpos sin vida andarían simplemente alrededor de la casa, que no entrarían. Pero al oír como estallaba el vidrio de la ventana de la cocina, Rogelio había saltado como si del culo le saliese un resorte, al igual que los payasos que saltan de las cajas chistosas. Se encontró con el Luis, su compadre, su amigo de toda la vida, el padrino de su hijo. Estaba con la mitad del cuerpo colgando dentro de la cocina, las tablas que había clavado yacían debajo del mentón, un hilo verde de baba caía sobre las tablas deslizándose por la rugosa piel del árbol muerto para caer sobre los platos que habían quedado amontonados dentro del piletón. Lo miraba con sus ojos blancos, creyó que sonreía, ¿o era una mueca de la putrefacción del cuerpo que estiraba la piel mientras se secaba?.
No, le sonreía.