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viernes, 30 de noviembre de 2012

El Hombre Que Colgaba de Sí Mismo (1º Parte de 4)




No veía nada, no oía nada y no sentía nada.
Solo había en mi, olor a moho.

Cuando desperté me encontré desorientado, mareado de oscuridad e imágenes inconexas producto de mí alocada mente que buscaba con frenesí darme una referencia. El silencio era tal que parecía zumbar a mí alrededor, aleteando como unas diminutas luciérnagas ciegas en mis oídos que chocaban con las paredes y cosquilleaban en los tímpanos.
Nada se veía.
Traté de mover las manos pero fue en vano, intenté con las piernas pero el resultado fue el mismo, sentía un apretujón en el pecho y la sangre que parecía costarle recorrer mis venas.
Moví un pie. No hubo gran problema al hacerlo, solo que; no sentí nada debajo de ellos.
Mierda…, estaba colgando.
Intenté gritar, un poco por miedo y otro poco para no sentirme tan solo y desbordado; el caso fue que el grito murió antes de nacer. Una cinta me cruzaba la boca.
Horrorizado me di cuenta de una sola cosa, no había llegado a ese lugar por ningún tipo de accidente, estaba ahí en esa habitación fría, oscura y herméticamente silenciosa porque alguien así lo había deseado.
No podría describir con palabras el sentimiento al descubrirme en esa postura, ni decir que los latidos del corazón querían partirme el pecho podría expresarlo apropiadamente; nada en este mundo prepara a alguien para semejante descubrimiento.