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miércoles, 17 de octubre de 2012

Almas en el Humo (5º Parte de 5) FINAL




No sabía cuanto tiempo había pasado desde que los muertos habían querido entrar, los oía con más fuerza a cada rato y eso la estaba debilitando.
No quería dormirse aunque su cuerpo se lo pedía, sus brazos le decían que suelte a la bebe, que la acueste a un lado suyo; que se relaje, que nada iba a pasar. Que simplemente cerrase los ojos y descansase un momento, tal vez, si se dormía, despertase después dándose cuenta que todo había sido un sueño, de los malos; pero de aquellos en los cual uno cuando se despierta solo queda la sensación de miedo, de terror, y que inmediatamente después se evapora de su mente como una gota olvidada al sol.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Colapso



Nada de nada podía devolverlo con los demás, cansado de los fríos e indiferentes espejos deformes, de los caballos de madera y cisnes petrificados; cansado de los asientos vacíos, de las luces apagadas y voces olvidadas.
Cansado de los cuerpos putrefactos, de las manos que no podía aferrar, de los autos sin combustible, las rockolas sin electricidad y sus canciones que se evaporaban de la memoria, la comida que no podía saborear, de las camas que no lo podían abrigar.
Pero lo que más le aturdía, era el eterno recuerdo de ser quién dio la orden equivocada, transformándolo en el único fantasma del Apocalipsis.

viernes, 31 de agosto de 2012

El Personaje del Sueño que Nunca Duerme


            
          
No había podido pegar un ojo casi en toda la noche, sumido en viajes extrasensoriales saltando de nube a nube rellenas de algodones multicolores. El personaje de sus sueños que no duerme, lo desafiaba con esa vacua sonrisa de cordero atado, dientes de lobo que relucían como cuchillas nuevas de un aserradero.
            Lo conocía, no recordaba su nombre, pero no era la primera vez que lo veía ahí, en ese mismo lugar donde sus realidades se hacían ficción y las ficciones tomaban vida propia.
            Hizo un fuego en medio de la nada, cruzó sus piernas y lo llamó. Hablaron por horas, saltando de un lugar a otro, leyéndose los labios rojos de una ira contenida, con los dedos pintando con negro betún las paredes de las nubes transportadoras. Llegaron a un acuerdo, había que respetar el primer y único ítem de la ley, “Se vale todo”. Aunque él deseaba poner algunos puntos de verdad, su boca se mantuvo quieta ante sus esfuerzos mientras el personaje los movía y ponía en el suelo lo que debían respetar.