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martes, 2 de octubre de 2012
Exóticus
–Los estudios lo demuestran científicamente señor, si me permite que le diga señor. Usted no es algo que se diga..., normal.
–¿Y que sería “algo normal” para usted? –le preguntó meciendo los pies en la camilla.
–No es que yo lo piense, todos acá coincidimos que normal al menos es algo que sea de este planeta.
*El concepto de exótico hace referencia a todo peregrino de nacionalidad distinta a quien lo observa o a objetos o individuos extranjeros, en especial cuando se trata de algo o alguien que llega desde un territorio lejano.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Juegos I (Hibernación)
Jugar juegos estaba bien, pero algunos eran peligrosos. El mago lo sabía ahora, siempre había tenido la sospecha de que sus actos lo eran, la confianza suponía su arma más potente y a la vez su peor enemiga.
La práctica hacía al maestro.
La práctica.
Sentado en relajación miraba esos ojos marrones como si fuese la primera vez, los estudiaba buscando la chispa adecuada.
La vio.
Dejó que de sus labios saliesen las palabras mágicas.
–Duérmete –dijo en un susurro.
Captó los labios frente a él abrirse apenas y decir una palabra también.
–Duérmete –escuchó.
Solo tenía un poco de conciencia, la suficiente para decirse que usar el espejo había sido una mala idea.
martes, 18 de septiembre de 2012
Sobornando las Horas
Las agujas no
se movían desde hacía días, había perdido la noción del tiempo, solo distinguía
el día y la noche. Recubierto su cielo de una capa de hielo, veía la claridad
del sol reflejada por gotas heladas; titiritaba su alma en la soledad inmensa
de la cápsula.
–Manejar el
tiempo a nuestro antojo, ¿te imaginas? –retumbaban las palabras de Juan Segundo
en su memoria helada. Juanse estaba ahora quien sabe donde, quién sabe cuando,
que era peor. Ni él sabía cuando estaba, o si estaba en realidad, o si solo
quedaba la sensación de vida, recuerdos que acompañan al alma en la elevación
(o caída).
El hielo se
movía como si fuese una cúpula gigante movediza, como la de los grandes
estadios de fútbol, los más modernos. Se dio cuenta, segundos después de
despertar, que en realidad no era tanto lo que se movía el hielo, sino el
tiempo.
Corría libre,
volaba libre, caía emancipado.
Los números
corrían a una velocidad vertiginosa, mareándolo desde la incredulidad de lo que
había logrado (habían logrado, Juanse tenía igual de crédito
que él, aunque solo haya puesto el dinero), que la máquina del tiempo funcionara,
¡¡¡y como!!!.
Se habían
apurado, pensó ahora; deberían de haber probado de alguna manera como
funcionaba, si sus cuerpos durarían un segundo al menos dentro de la máquina o
serían reducidos a polvo ni bien el tiempo pegase el salto previsto.
–La
oportunidad se presenta una vez en la vida, me refiero a este tipo de
oportunidades –le dijo Juanse una sábado a la noche mientras ambos deambulaban
por el laboratorio con unas tazas de café frío sobre sus escritorios
desordenados. –Manejar el tiempo a nuestro antojo, ¿te imaginas?
No, no se lo
imaginaba.
Y si se lo
hubiese imaginado, seguramente, no hubiese sido como lo era ahora, en ese
tiempo, su tiempo. ¿Cuándo estaba?
La máquina se
detuvo al fin, la idea había sido una vez puesto en marcha el mecanismo,
manejar el tiempo hacia delante o atrás.
–Atrás es
mejor, al menos sabemos con lo que nos podemos encontrar. –se le había ocurrido
sabiamente.
No tan sabio,
el meterse dentro.
Tardó solo
unos segundos en caer rendido a un lado de la cápsula, el sol no estaba, solo
se veía una luz escasa y espesa intentar pasar por las grandes nubes de polvo
que cubrían todo. Intentó volver a la máquina, pero murió antes de poder
siquiera subirse a ella, solo alcanzo a ver que había viajado 65 millones de
años al pasado.
“Manejar el
tiempo a nuestro antojo, ¿te imaginas?”.
No, el tiempo
es quien nos maneja a su antojo.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Colapso
Nada de nada podía devolverlo con
los demás, cansado de los fríos e indiferentes espejos deformes, de los
caballos de madera y cisnes petrificados; cansado de los asientos vacíos, de
las luces apagadas y voces olvidadas.
Cansado de los cuerpos
putrefactos, de las manos que no podía aferrar, de los autos sin combustible,
las rockolas sin electricidad y sus canciones que se evaporaban de la memoria,
la comida que no podía saborear, de las camas que no lo podían abrigar.
Pero lo que más le aturdía, era el eterno recuerdo de ser
quién dio la orden equivocada, transformándolo en el único fantasma del
Apocalipsis.
lunes, 10 de septiembre de 2012
La Nada
El Juez levantó
la vista, la sala llena respiraba el virus de la venganza y el dolor profundo.
–Que se
levante el acusado –dijo.
Un hombre
pequeño, flaco y que llevaba anteojos grandes para su rostro se levantó de su
silla y erguido, le sonrió a todos. Lo acusaban de matar a un verdulero,
maniatar a sus hijos de 10 y 6 años para después violar a su mujer.
–Lo sentencio
a nada. –anunció el Juez.
Un hombre que
había llegado a la Argentina
hacía solo un par de semanas escuchó el veredicto y con el rostro confundido miró
a su hermano que hacía una pasantía en Tribunales.
–¿Dijo nada?
–susurró la pregunta al oído de su hermano.
–Sí, la justicia quitó la palabra “perpetua” de su vocabulario. Se dieron cuenta de la incongruencia y como nada es para siempre...-
–Sí, la justicia quitó la palabra “perpetua” de su vocabulario. Se dieron cuenta de la incongruencia y como nada es para siempre...-
(No pude no
expresarme luego de esta noticia http://www.codigomardelplata.com/ver_noticia_mar_del_plata.asp?codigo=9469
)
viernes, 7 de septiembre de 2012
martes, 28 de agosto de 2012
Evaporación
Se levantó en plena noche, los
ruidos ásperos no lo dejaban dormir. Abrió la puerta con cuidado, sabía que no
estaba solo y se preparó. La habitación detrás de la puerta estaba muy oscura,
tragada por el vacío de la noche.
Los ruidos cesaron de pronto, supo
que habían oído sus pasos.
–¿Quién anda ahí? –escuchó que
preguntaban en un susurro.
Quiso hablar, pero se petrificó en
medio de la habitación sacando con cuidado las afiladas garras.
Alguien prendió la luz pero no
alcanzó a ver nada, el foco de 75 watts lo evaporó de inmediato.
Los monstruos del placard solo sobreviven
en la oscuridad.
lunes, 23 de julio de 2012
Ultra Cortos (Crónicas de un Cazador)
El Final
El cazador tensó el
arco, no llovía, no se oían autos en el bosque ni pensaba en su instructor.
Soltó la flecha que viajaba recta, sin desviarse ni un centímetro.
Se despertó de
repente.
–Así es aburrido –se
dijo, y se levantó, de todas maneras no podía dormir.
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jueves, 19 de julio de 2012
Ultra Cortos (Crónicas de un Cazador)
Bolivariano
El cazador tensó el
arco, la flecha temblaba levemente en su mano. El disparo salió a gran
velocidad, a escasos metros del cervatillo la flecha se desvió y golpeó en el
árbol. El cervatillo asustado comenzó a correr.
–En Bolivia le
hubiese dado, ahí ni las pelotas doblan –se dijo y volvió a dormir.
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miércoles, 11 de julio de 2012
Ultra Cortos (Crónicas de un Cazador)
El pensamiento
El cazador tensó el
arco, respiró hondo; el secreto estaba en la respiración. “Que el disparo te
sorprenda”, oyó decir a su instructor en la cabeza. El cervatillo levantó la
vista asustado y comenzó a correr.
–Debo pensar más bajo –se dijo y volvió a dormir.
–Debo pensar más bajo –se dijo y volvió a dormir.
martes, 10 de julio de 2012
Ultra Cortos (Crónicas de un Cazador)
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crónicas,
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viernes, 6 de julio de 2012
Ultra Cortos - (Crónicas de un Cazador)
Humedad
El cazador tensó el
arco mientras comenzaba a caer la lluvia, el cervatillo entonces comenzó a
correr. Se despertó, aún sintiendo el agua en su piel.
–Odio los sueños húmedos –se dijo y volvió a dormir.
–Odio los sueños húmedos –se dijo y volvió a dormir.
lunes, 7 de mayo de 2012
Reparación
El olor a
bosta y orina era penetrante, pero al menos las camas hechas de paja de los
animales amortiguaba sus pasos, con el cuchillo destruiría a ese payaso cueste
lo que cueste.
Estaba
a diez pasos en donde cobraban la entrada, sin saber que su asesino se acercaba
sigilosamente. Levantó el arma amasando la venganza, los años en que lloró y
mojó su cama esperando que el circo vuelva a su ciudad.
El
primer zarpazo le arrancó la cabeza, con el segundo le cercenó el brazo
izquierdo, sus alaridos se mezclaban con los gritos de la gente que presenciaba
el espectáculo mientras esperaba para pagar su entrada. Dos hombres de
seguridad lo redujeron y con una precintos lo ataron dejándolo ahí mismo.
–¿Qué
pasó– preguntó el dueño del circo.
–Un
loco destruyó el payaso de cartón.
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